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El Sexo Tántrico es una disciplina oriental que permite
disfrutar del sexo sin eyacular. Si alguna vez lo
pusiste en práctica, ¿cuánto tiempo podes retener el
orgasmo?
Se practica para prolongar e intensificar el placer
durante el acto sexual. Los pioneros fueron los hindúes
y sus enseñanzas quedaron registradas en el Tantra, una
serie de libros sagrados que describen ciertos ritos,
disciplinas y meditaciones sexuales.
El máximo nivel del placer sexual, no es alcanzado con
el orgasmo. Para conseguir este máximo placer, es
preciso seguir las enseñanzas del sexo tántrico, pero,
sobre todo, hay que tener la voluntad necesaria
para conseguirlo.
Olvidar el tiempo y las prisas es indispensable
para practicar el sexo Tántrico. Toda tu atención,
interés y objetivos debes estar dirigidos y concentrados
en tu pareja y en ti mismo. Suspende el mundo por
algunas horas.
El sexo tántrico es precedido por una atmósfera de
relajación, no es algo espontáneo, cierta
preparación es necesaria. La atmósfera especial se puede
crear encendiendo velas aromáticas, inciensos ligeros y
poniendo flores y música sensible en la habitación. La
cama debe ser un espacio muy confortable, con almohadas
suaves. Siempre al alcance de la mano, aceite aromático
y algunas frutas dulces (uva, granada, cerezas...) y
agua. El sexo tántrico es crear un clima y una atmósfera
únicos, alcanzar un estado de entrega absoluta,
de unión completa, sin inhibiciones, consiguiendo la
reconciliación con el propio cuerpo para entregarse de
forma absoluta al otro.
Un paso importante para adentrarse en los placeres del
sexo tántrico es olvidarse de cualquier guerra sexual
o sentimiento de contraposición. En el tantra la
masculinidad y la femineidad tienen la misma
importancia. Sólo cuando el hombre logra independizar
sus orgasmos de la eyaculación (estudios aseguran que
ambas funciones están en diferentes lugares del cerebro)
puede explorar la ilimitada capacidad orgásmica de la
mujer y conseguir de esa manera una experiencia mística
en comunión con las fuerzas sexuales de la naturaleza.
En el sexo tántrico, la pareja debe ser una, tiene que
mirarse a los ojos todo el tiempo, debe procurar
proporcionarse el mismo goce. De allí que primero hay
que tratar de meditar juntos antes de hacer el amor. Es
muy importante el control de la respiración, y el yoga
es perfecto para eso. La recomendación del sexo tántrico
es que se tumben del lado izquierdo y uno cobije
al otro, sin importar quién. También es buena la
meditación compartida. Uno inspira, mientras el otro
expira, o viceversa; la idea es ser consciente de la
energía de cada cual.
Es importante sentirse ligero, ágil y libre. El consumo
de carnes rojas, la ingesta de alcohol y el cigarrillo,
interfieren con esta sensación.
El sexo tántrico posee tres fases:
Las
caricias tántricas
Las caricias tántricas se dividirán en cinco fases que,
en total, deberán ocuparnos al menos dos horas:
1ª fase. Las Caricias suaves. Acariciarse
mutuamente con movimientos muy suaves. Primero de forma
circular y después, de arriba abajo, durante unos quince
minutos. Se trata de explorar con lentitud todos los
rincones del cuerpo amado, salvo pechos y genitales.
Tras el cuarto de hora, tomar un pequeño descanso y
volver a empezar con las caricias suaves. Aquí, los
aceites aromáticos son de gran utilidad
2ª fase. Proximidad silenciosa. Las suaves
caricias se van transformando en silenciosa proximidad.
Tumbados en la postura de las cucharas, se debe
disfrutar de la proximidad de los cuerpos, pero sin caer
en la tentación coital.
Colóquense frente a frente si la tentación es demasiado
fuerte. Dediquen varios minutos a mirarse intensamente a
los ojos y a besar suavemente la piel de tu pareja. La
piel debe encontrarse con la piel. Es el momento de
comprender que en una relación intensa no puede haber
inhibiciones, bloqueos, miedos o vergüenza.
3ª fase. Senos y genitales. La respiración ha de
ser lenta, suave y profundamente. Ha llegado la hora de
acariciar senos y genitales, con ligeros movimientos
circulares, acercando primero las manos una hacia otra y
separándolas después. Nuestra energía también fluye a
través de nuestra voz. No reprimas los sonidos de tu
voz; además, son una fuente de vibraciones positivas.
Esta fase puede durar otra media hora.
4ª fase. Energía integral. La escuela tántrica
propone el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el
espíritu y a eso se debe dedicar tanto tiempo como se
pueda. Muevan las manos de abajo a arriba por los
genitales de cada uno. Ella debe recorrer toda la
longitud del pene y él acariciar la vulva con suavidad y
dulzura. Calma y paciencia, disfruten de todos los
sentidos como si el tiempo no existiera. Sientan que la
energía sexual invade todo el cuerpo y no sólo los
genitales. Para ello es bueno recorrer con las manos
toda la espalda y la espina dorsal, repartiendo esa
energía por todas partes.
5ª fase. Penetración estática. Tras descansar, beber
agua y comer alguna fruta, ella se tumbará encima de él
y ambos iniciarán la penetración, pero debe consensuarse
que será algo distinto a lo hecho hasta ahora. El
coito tántrico aún no ha empezado, es sólo la última
fase de las caricias. El pene estará dentro de la
vagina, cierto, pero la pareja no se mueve, sino
que se mantiene esta deliciosa postura durante una
infinita media hora sin otro movimiento que las caricias
suaves a flor de piel mirándose intensamente a los ojos,
concentrándose en todo momento en lo que está sintiendo
el otro. Si la erección es muy fuerte y se acerca la
eyaculación, el hombre deberá descansar, respirar lenta
y profundamente (o muy rápidamente si le resulta mejor),
e incluso apretar con dos dedos la zona del perineo
situada entre la bolsa de los testículos y el ano para
evitar que se produzca dicha eyaculación.
Ya ha trascurrido un infinito tiempo de caricias
tántricas. Las sensaciones placenteras se han
desbordado; el olor, el sabor, el tacto se encuentran en
su punto más alto. Las hormonas sexuales están desatadas
después de tanta excitación. Pero al no permitir que la
energía sexual desaparezca con el orgasmo, el organismo
adquiere una disposición distinta hacia el acto sexual:
el placer alcanza niveles indescriptibles.
El
coito Tántrico
Un coito normal dura 15 minutos. Un coito tántrico debe
durar como mínimo dos horas. Si se queda en una hora se
considera eyaculación precoz. El coito tántrico tiene
una duración mínima, pero no máxima: cuanto más
dure, más placeres se obtendrá.
El tantra exhorta al hombre a que haga sentir divina a
su compañera. El coito tántrico indica evitar la
penetración rápida y brusca, buscando que la eyaculación
sea el único motivo y objeto de las relaciones sexuales.
El coito tántrico tiene en cuenta que nuestra piel posee
600.000 puntos sensibles y considera que la
eyaculación es un derroche de energía vital, por
lo que uno de sus fines es aprender a retardarla.
Forma parte del ritual tántrico iniciar el coito con
mutua contemplación y adoración, con palabras dulces
y caricias plenas, haciendo el amor con los ojos bien
abiertos, sin dispersión ni agresividad, sin prisa y con
sentimiento. El paso ideal a seguir tras las caricias
tántricas es el coito tántrico, cuyo principal objeto es
prolongar la excitación sexual entre la pareja. El pene
del hombre entra en la vagina de su compañera, aunque
sólo unos dos centímetros y medio. El hombre mantiene
dentro el pene durante un minuto, después lo retira y lo
descansa sobre el prepucio del clítoris antes de volver
a penetrar. Este juego se mantiene durante veinte
minutos, momento en el que se inician las diez
posiciones básicas del coito tántrico, que se irán
encadenando sucesivamente a lo largo de unas dos horas.
Por supuesto, alternadas por descansos y pausas para que
la pareja se relaje, la erección se destense y los
cuerpos repongan fuerzas bebiendo o comiendo
ligeramente.
Diez posiciones
El coito tántrico se inicia con la pareja sentada,
echados ambos levemente hacia atrás y apoyando su peso
en sus brazos. La penetración es lenta y los movimientos
pélvicos son circulares. Le sigue una penetración
profunda, con ella abriendo mucho las piernas, casi en
forma de V.
A continuación, compensando el anterior esfuerzo físico,
el coito sigue con la pareja sentada, cara a cara, los
cuerpos erguidos y las piernas entrelazadas uno con
otro. Es una postura para abrazarse, acariciarse y dejar
que circulen los sentimientos. La postura clásica del
misionero será la cuarta etapa. El hombre debe cuidar en
todo momento de retrasar y frenar su eyaculación porque
la quinta etapa le llevará a una postura más cómoda: con
el hombre estirado, la mujer se sienta en cuclillas
sobre él en plenitud completa, ambos cogidos por las
manos y con movimientos pélvicos circulares.
La sexta posición es una variación de la anterior: el
hombre se coloca unos almohadones en la espalda sobre
los que recostarse, con lo que la mujer puede mostrarle
su cuerpo y ofrecerle sus pechos para que él los bese
dulcemente. El séptimo apartado obliga a mirarse cara a
cara y a detener la marcha. Es muy difícil hacerlo, pero
es obligado si se quiere conservar la energía hasta el
final. Para ello, una postura clásica con el hombre
recostado de lado encima de ella será la ideal. Pasado
el pequeño instante de relajación, la octava etapa
coloca al hombre encima por detrás de la mujer, ambos
estirados, con penetraciones profundas y embestidas
largas.
El noveno momento es el de las tijeras. Es una postura
atípica, en la que ella está casi de espaldas pasando
una pierna sobre la cintura de él, que la penetra
profunda y lentamente, entrelazando los cuerpos. Es el
preludio de la última postura; él está semi-incorporado
y ella se sienta encima dándole la espalda, dejándose
penetrar suavemente mientras él le acaricia los pechos y
le besa el cuello.
El coito tántrico ha culminado todas sus etapas y la
excitación de los amantes es absoluta. Ha llegado el
momento de vivir algo difícil de narrar: el
hiperorgasmo.
El Hiperorgasmo
Una marea de placer indescriptiblemente más alto que el
de un orgasmo ordinario. Eso es el hiperorgasmo, un
estado casi paranormal de nuestra sexualidad que puede
alcanzarse mediante el sexo tántrico. No es un simple
espasmo de unos cuantos segundos, sino un estado de
éxtasis ilimitado.
No se necesita ser un atleta sexual para conseguir el
hiperorgasmo. Pero sí se requieren algunas condiciones
básicas, que ya hemos tratado al hablar de las caricias
y el coito tántrico. Condiciones como sensibilidad,
sutileza, desinhibición, concentración, olvidarse
del tiempo y las obligaciones, renunciar a las
prisas y a las comidas grasas y bebidas alcohólicas, al
tabaco y, muy especialmente, olvidarse del orgasmo como
único foco importante del sexo.
Más allá de los límites físicos, el sexo tántrico es una
filosofía de comportamiento que exige un mínimo de tres
horas para cubrir con éxito las sucesivas etapas y para
acabar alcanzando un estado tal de hiperestesia
erógena (mucha sensibilidad) que se convierta en el
tan deseado hiperorgasmo. Es algo así como exacerbar el
placer físico hasta una dimensión tal que supere,
precisamente, los límites físicos. El hiperorgasmo no es
un espasmo físico, sino el punto más alto del placer y
tiene una duración muy superior. Quienes lo han vivido
lo cifran en horas, aunque probablemente haya que hablar
de minutos que -en semejante estado de placer máximo,
incluso de pérdida de conciencia- se antojan infinitos.
Los apóstoles del sexo tántrico conciben el orgasmo
corriente de este modo: "Los simples mortales imaginan
que lo máximo del placer es alcanzar un orgasmo común.
La verdad es que apenas han tenido un mero espasmo
nervioso acompañado de un pequeño placer durante un
cortísimo espacio de tiempo". Y ellos mismos definen el
hiperorgasmo con estas palabras: "Es un maremoto de
placer indescriptiblemente más alto que el de un orgasmo
corriente, que mantiene a todo tu ser en éxtasis por un
tiempo ilimitado".
Quien ha experimentado las caricias tántricas, el coito
tántrico y el hiperorgasmo explica que su vida ha
cambiado, que la alegría le invade a partir de ese
momento, que su productividad aumenta y -muy
especialmente- que es más sabio porque ha alcanzado una
nueva dimensión del ser humano. Llegados a este punto,
alcanzar el hiperorgasmo depende en exclusiva de la
voluntad de cada persona, pero hay algunas condiciones
básicas que deben cumplirse si uno quiere aterrizar en
ese estadio superior del placer.
Lo importante es el camino
La primera es romper con la propuesta occidental
contemporánea de practicar sexo. Es una propuesta
primaria e instintiva, enfocada hacia la reproducción.
La finalidad del sexo en Occidente es llegar al orgasmo.
El sexo tántrico, por el contrario, enfoca su objetivo
en el disfrute de la práctica en sí misma, sin
objetivo final. Si dura menos de una hora, el
tantrismo lo considera eyaculación precoz. El cariño
mutuo y la sensibilidad compartida son fundamentales en
esta práctica, que aborrece los movimientos rápidos y
groseros. Las prisas están prohibidas y queda dicho que
durante las numerosas horas que debe durar, hay que
olvidarse del mundo. Es importante sentirse ligero, ágil
y libre, por lo que desde días antes hay que comer sano,
sin ningún exceso, sin alcohol, tabaco, carnes rojas,
grasas ni dulces. El ambiente debe ser tranquilo,
acogedor, con música tranquila y suave, dando
importancia a todos los rituales. La práctica tántrica
debe ser compartida y querida por ambos, debe ser una
ofrenda vital, debe ser realizada con los ojos y el
corazón bien abiertos.
Por supuesto, las largas horas de actividad deben
alternarse con períodos de descanso y reposo para que
los sentidos se relajen y puedan alcanzar nuevas cotas
de placer. El tantrismo cree que la eyaculación es un
derroche de energía vital y, por tanto, enseña al hombre
a controlarla y retardarla. Calma, paciencia, dulzura,
mirarse a los ojos, amarse sin prisa... condiciones
básicas para que de las caricias tántricas se pase al
coito tántrico y de éste al hiperorgasmo, el Everest del
placer sexual.
La erección pilar del Tantra
La práctica de determinados ejercicios asegura
erecciones mucho más potentes que en el no iniciado,
incluso, y además el lingam puede estar erecto durante
horas sin debilitarse. Así, la potencia sexual masculina
ya no está limitada, y lejos de agotar la energía física
o psíquica del varón, la erección las exalta.
Durante la excitación sexual, los nervios genitales
relajan las válvulas de los tejidos esponjosos del
cuerpo cavernoso, permitiendo así el aflujo de sangre:
el pene flácido levanta la cabeza. ¡Debemos retener que
la erección comienza por una relajación! Incluso sin
excitación erótica, factores puramente fisiológicos
pueden producirla, es el caso clásico de la erección
matinal debido a la vejiga llena. Sin embargo la mayoría
de las erecciones provienen de una estimulación
cerebral, y por tanto dependen del psiquismo.
Conclusión: la casi totalidad de las impotencias tienen
una causa psíquica y no fisiológica.
Cuando el lingam se levanta porque está lleno de sangre,
ésta es retenida en el órgano por la contracción de los
músculos compresores y eyaculadores, que mantienen así
la erección. Después de la eyaculación estos músculos se
relajan, la sangre corre y el lingam se ablanda.
Y ahora hablemos de músculos, ¡porque el lingam tiene
músculos! Los músculos bulbo esponjosos acercan el pene
endurecido al cuerpo tirando de él hacia adelante y
hacia arriba. Cuanto más potentes sean, más
enérgicamente se levantará el lingam, pero también,
hecho capital, como lo envuelven por la base,
contribuyen a retener la sangre en el órgano, lo cual
mantiene la erección.
El Tantra quiere fortalecer estos tres tipos de músculos
erectores: el compresor de la uretra, los transversos
del perineo y los bulbo esponjosos. En cuanto a los
músculos, no hay ni milagro, ni misterio: el único medio
infalible para fortalecerlos es el ejercicio. Y los
contactos tántricos frecuentes y prolongados los
tonifican notablemente, hasta sin ejercicios especiales.
Este hecho, por sí solo, explica por qué en el tántrico
los años, lejos de debilitar su vigor sexual -¡y su
vigor a secas!-, lo aumentan; su virilidad permanece
intacta incluso a una edad avanzada, y debe su asombroso
estado juvenil especialmente a las hormonas secretadas
por sus gónadas.
LOS EJERCICIOS
Objetivos: a) tomar conciencia del complejo muscular
genital en su conjunto, b) fortalecerlo, c) aislar y
contraer separadamente estos músculos.
Comparando los músculos genitales de ambos sexos, se ve
que a pesar de las apariencias son muy semejantes, de
hecho, son homólogos: ¡están los mismos músculos con los
mismos nombres! Por tanto es normal y lógico aconsejar
prácticamente los mismos ejercicios tanto a Shiva como a
Chakti.
La práctica de base es "mula bandha". Como los músculos
del ano (esfínter externo e interno, más el elevador del
ano) son solidarios, gracias a "mula bandha", durante
las contracciones se ve que se traspasa la zona anal y
se implican todos los músculos del lingam: ¡hasta se
siente mover el cóccix! En semierección puede verse el
efecto de esta contracción: los elevadores levantan el
lingam tirando de él. En erección completa, es parecido
pero menos visible. Gracias a esos músculos el lingam
puede responder a las contracciones rítmicas del yoni, y
ese "lenguaje secreto" aporta a la pareja sensaciones
voluptuosas nuevas que intensifican la erección sin
riesgo de eyaculación intempestiva.
"Mula bandha" se practica en cualquier parte, en
cualquier momento, en cualquier posición: sentado,
acostado, de pie, incluso en shirsasana, es decir cabeza
abajo. Al comienzo, y lo mismo pasa en la mujer, todo el
complejo muscular reacciona en bloque. Luego, mediante
la interiorización y la práctica perseverante, se logra
-objetivo importante- disociar los músculos del lingam
de los del ano y el recto.
Se aislará y se contraerá separadamente cada uno de esos
músculos, luego se los relajará a voluntad. Aquí, la
práctica del Shiva difiere de la de Shakti, porque ésta
no tiene que inhibir ninguna eyaculación: se conforma
con desarrollar y controlar su musculatura vaginal. Más
tarde, hay que ejercitarse en distender los músculos
cada vez más rápido para poder, en el maithuna,
relajarlos casi instantáneamente cuando se acerca el
punto límite y así evitar una eyaculación importuna.
Existe otro procedimiento para controlar la musculatura
del ano y del pene. Es muy sencillo: se puede aprender,
en el cuarto de baño, a disociar las dos operaciones, es
decir, no orinar al mismo tiempo que se evacuan las
heces. Al comienzo es difícil, pero pronto se logra con
facilidad, Esto hace tomar conciencia de los músculos
que regulan la uretra y los que rigen la eyaculación, en
parte comunes, para llegar luego a controlarlos.
En el próximo apartado dedicado al control de la
eyaculación se explican con más detalle alguno de estos
ejercicios |